CASO DE ÉXITO: Tenían 27 iniciativas estratégicas. No podían explicar cómo ejecutaban la estrategia.

Una empresa industrial había definido tres prioridades para los siguientes años:
crecer rentablemente, mejorar capacidad de respuesta y reducir capital de trabajo.
La organización reaccionó rápidamente.
Las diferentes áreas propusieron proyectos.
Ventas desarrolló iniciativas comerciales.
Operaciones propuso automatización.
Supply Chain planteó nuevas herramientas.
Tecnología preparó integraciones.
Finanzas impulsó programas de eficiencia.
En poco tiempo existían 27 iniciativas consideradas estratégicas.
El problema apareció cuando la Dirección hizo una pregunta sencilla:
¿Cómo contribuye cada una a las tres prioridades estratégicas?
Las respuestas no fueron claras.
El problema no era falta de actividad
Había presupuesto.
Había responsables.
Había cronogramas.
Había tecnología.
Y había seguimiento.
Lo que faltaba era una arquitectura que conectara las iniciativas con las capacidades que la estrategia requería.
Algunos proyectos mejoraban procesos existentes.
Otros resolvían problemas locales.
Varios tenían beneficios potenciales.
Pero no existía una visión común del negocio futuro que todos estaban intentando construir.
Cambiaron el punto de partida
En lugar de revisar proyecto por proyecto, la dirección regresó a la estrategia.
Para cada prioridad preguntó:
¿Qué debemos ser capaces de hacer extraordinariamente bien para conseguirla?
La estrategia de mayor capacidad de respuesta, por ejemplo, requería mejorar capacidades relacionadas con:
detección de demanda;
planeación;
gestión de excepciones;
decisiones operativas;
flexibilidad;
visibilidad.
Entonces revisaron las iniciativas existentes.
El mapa cambió
Algunas iniciativas resultaron críticas porque fortalecían capacidades estratégicas.
Otras necesitaban combinarse.
Algunas cambiaron de alcance.
Y otras dejaron de tener prioridad.
No porque fueran malas ideas.
Sino porque no contribuían suficientemente al negocio que la estrategia necesitaba construir.
Después diseñaron la ejecución
Las capacidades prioritarias fueron conectadas con:
procesos;
información;
decisiones;
responsabilidades;
tecnología;
indicadores.
A partir de ahí se construyó una hoja de ruta.
Por primera vez, la organización podía seguir una cadena clara:
Prioridad estratégica → Capacidad requerida → Cambio necesario → Iniciativa →
Resultado esperado
Lo que cambió
La conversación ejecutiva dejó de concentrarse únicamente en:
¿Está el proyecto en tiempo y presupuesto?
Y comenzó a incluir:
¿Está aumentando la capacidad empresarial que justificó la inversión?
Ese cambio modificó la gobernanza.
El éxito ya no significaba solamente entregar proyectos.
Significaba construir una organización más capaz de ejecutar su estrategia.
Aprendizaje ejecutivo
No tenían un problema de ejecución de proyectos. Tenían un problema de conexión entre proyectos y estrategia.
Pregunta ejecutiva
¿Puede su organización explicar qué capacidad estratégica está construyendo cada proyecto importante?
Si la respuesta no es clara, quizá esté administrando iniciativas.
No necesariamente ejecutando estrategia.





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