Economía Circular en 2026: Tendencias Globales y Mexicanas
- Jorge Uriega

- 11 feb
- 2 Min. de lectura

A inicios de 2026, la economía circular ha transitado de marco conceptual a eje estratégico de competitividad industrial y soberanía de recursos. Tres tendencias definen el panorama global: primero, la regulación vinculante se ha acelerado tras la entrada en vigor del Reglamento Europeo de Diseño Ecológico (2025), que exige reparabilidad y contenido reciclado mínimo en electrónicos, textiles y envases. Segundo, la digitalización de materiales mediante pasaportes digitales —obligatorios para baterías en la UE desde febrero de 2026— permite rastrear composición y ciclo de vida en tiempo real. Tercero, el auge de la bioeconomía circular, donde residuos orgánicos se transforman en bioplásticos y biocombustivos avanzados, con inversiones globales superando los USD 120 mil millones en 2025.
En México, el avance es heterogéneo pero significativo. Aunque la Ley General de Prevención y Gestión Integral de Residuos aún no ha sido reformada para incorporar explícitamente el enfoque circular a nivel federal, la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) se ha implementado progresivamente: desde enero de 2026 rige para envases plásticos y electrónicos en 15 entidades federativas, generando esquemas de recolección financiados por productores. La Ciudad de México lidera con su Programa de Economía Circular 2024-2028, que incluye parques de gestión de residuos orgánicos y metas de 40% de reducción de residuos al 2030. Paralelamente, el Fondo Nacional de Economía Circular, creado en 2025 con apoyo del Banco Mundial, ha destinado MXN 2,500 millones a proyectos de innovación en estados como Jalisco y Querétaro.
El sector privado mexicano muestra dinamismo: empresas como Femsa alcanzaron el 100% de envases retornables o reciclables en 2025; Cemex opera plantas con 70% de combustibles alternativos derivados de residuos; y un ecosistema de startups —como EcoDom (construcción con plástico reciclado) y Rizoma (plataforma de reutilización B2B)— ha captado más de USD 80 millones en capital emprendedor desde 2023. Destaca también la alianza Circular México 2030, integrada por 40 empresas que comparten infraestructura de reciclaje industrial.
A nivel global, emergen dos tendencias disruptivas: los acuerdos sectoriales globales, como el Global Plastics Treaty negociado bajo el PNUMA cuyo texto final se adoptará en la COP16 en Turquía (noviembre 2026), establecerá metas vinculantes de reducción de plásticos vírgenes; y la circularidad financiera, donde bonos verdes y de transición exigen métricas circulares como condición de financiamiento.
Además, la inteligencia artificial optimiza rutas de recolección y predice flujos de residuos en ciudades inteligentes como Singapur y Ámsterdam.
El reto mexicano persiste en la formalización de la cadena de valor: integrar a los más de 60,000 recicladores de base al sistema formal mediante cooperativas tecnológicamente habilitadas. Países como Colombia y Chile avanzan en esta inclusión; México inicia pilotos en Guadalajara y Monterrey con apoyo del BID. Asimismo, el marco del T-MEC impulsa clústeres circulares en la frontera norte para abastecer cadenas de valor automotrices y electrónicas con materiales reciclados certificados.
En 2026, la economía circular ya no es opcional: es condición para acceder a mercados, financiamiento y talento. Su éxito dependerá de articular regulación inteligente, innovación tecnológica y justicia social —cerrando ciclos de materiales sin abrir brechas humanas. México tiene ventana de oportunidad hasta 2028 para posicionar sus sectores estratégicos en la nueva geografía industrial circular global.




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